Las siete piezas del rompecabezas loxicha. Séptima Pieza “Resistir a la cárcel es vencer”

Jacobo Silva, ex preso político y asesor jurídico del loxicha Álvaro Sebastián –que lleva 17 años en la cárcel- explica que se necesita memoria para sobrevivir al encierro y asegura que Sebastián saldrá libre.


Cuando estaba yo en prisiones, solito me divertía

Solito me divertía, cuando estaba yo en prisiones

Ay de mi llorona, llorona de azul celeste

“La petenera” antiguo son jarocho escuchado en los muros de las cárceles del porfiriato
 
México. “Sigan luchando. Al resistir y mantenerse, vencen todos los días”, llama Jacobo Silva, ex preso político, a otras personas encarceladas por mostrar que hay otros modos de vida. El también asesor del preso Álvaro Sebastián explica en entrevista que es necesario que cada persona recluida asuma se propia defensa, “pues nadie conoce su caso mejor”.
 
Llega Jacobo a la entrevista. Se muestra como alguien reservado en palabras y amable en gestos. Platicamos acerca de la dinámica que seguiremos en este primer encuentro; él escucha con atención pero sentado al borde la silla y con la mochila entre los brazos, como si estuviera a punto de salir, como si estuviera esperando una contingencia para reaccionar. Tal vez sean los años de trabajo en la montaña lo que lo hacen parapetarse de esta forma, hay cosas que no se olvidan ni con el paso del tiempo ni con la dureza de la cárcel.
 
Pronto, Silva tiene que acomodarse de otra manera y las cosas comienzan a fluir de manera más relajada, el silencio reina de golpe y su voz interrumpe para presentarse: “Soy Jacobo Silva Nogales, luchador social. Fui miembro del Partido de los Pobres, posteriormente de LP, del EPR (Ejército Popular Revolucionario) y después del ERPI (Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente). Caí preso desde 1999, estuve diez años en prisión, nueve años y medio de ellos en la cárcel de máxima seguridad del Altiplano y medio año en la de Tepic, Nayarit”.
 
En esta ocasión no se abordará la historia viva que Jacobo significa si de militancias en Guerrero se trata, no porque no exista interés. Lo que sucede es que interesa mucho conocer sus pareceres respecto al caso de otro preso político mexicano, el loxicha Álvaro Sebastián, recluido desde hace 17 años en distintos penales oaxaqueños y de otros estados en los recientes meses. Interesa mucho conocer cómo vive la cárcel un preso político y cómo se puede salir de ella con la frente en alto y con el aprendizaje de que es posible lograr una estrategia legal eficaz que favorezca en la lucha por la libertad. Nos interesa escuchar a quienes han hecho y continúan haciendo los pasos de las historias.
 
Álvaro Sebastián, posiblemente uno de los más lúcidos luchadores sociales con los que cuentan los pueblos de México, refiere que en sus años de lucha algo que deberíamos considerar más en serio: “nosotros estábamos preparados para esto”. Jacobo Silva escucha esta frase y casi sin inmutarse afirma que “muchos de los luchadores sociales tienen presente que en algún momento pueden caer en la prisión, ya sea porque está uno en la clandestinidad o porque a veces sin estarlo, está en un movimiento social que es víctima de la represión. En mi caso fue a partir de formar parte de un grupo armado. El hecho de haber caído en prisión es parte de un costo de la misma lucha, es algo que se contempla ya como una posibilidad, incluso como la posibilidad menor porque otra posibilidad mayor -y en la que uno casi siempre piensa- es en perder la vida”, afirma Silva.
 
“De esta manera, caer en la cárcel viene a ser un costo menor que ya tienes previsto”, confirma Jacobo, y puntualiza que “es un decir porque estás preparado para que eso ocurra, pero en realidad no está uno preparado para lo que eso significa ya en la vida real, porque no conoces lo que enfrentarás ahí adentro. Está uno preparado en el sentido de que algún día puede ocurrir, pero como uno desconoce, entonces no es lo mismo que si ya conocieras”.
 
Esto pasa en el México de hoy y es una de tantas de las realidades que la historia no ha permitido socavar: luchar por la transformación de las condiciones de vida de pueblos y comunidades hacia una vida mejor y más digna, es sin duda un crimen, un estigma al cual le corresponden ciertas consecuencias. Y es parte de la concientización tener presente esta realidad. Álvaro y Jacobo lo supieron y continúan sabiéndolo. Son vías distintas de lucha que terminan convergiendo luego de sufrir ilegítima e ilegalmente la represión, la tortura y la prisión.
 
Vale la pena seguir con atención algunos fragmentos del testimonio en que Jacobo hace el esfuerzo por comunicar su experiencia carcelaria, sus reflexiones en momentos cruciales y la necesidad de sobrevivir: “Después viene la tortura, que es una cuestión es bastante difícil, algo que no se le desea a nadie, ni a los propios torturadores. En este proceso de tortura también ocurren cambios en uno. Yo lo puedo decir por lo que observé en mí, pues la mente se va adaptando a todo esto”, relata el ex preso.
 
Jacobo Silva detalla que durante el proceso de tortura hay un funcionamiento del cerebro “pero de veras aceleradísimo, si la adrenalina ayuda a funcionar al organismo, a capacitarlo para la huida o el combate, también el cerebro. Hace pensar a mil por hora. Si así pensara uno en la vida profesional, sería un genio porque vienen a la cabeza ideas muy rápidamente, confluyen simultáneamente centenares de ellas en tan sólo unos instantes, algo así como si fuera la película de la vida que dicen que se ve cuando uno se encuentra cerca de la muerte”.
 
Silva afirma que le tocó ver la película de su vida, “y la tortura es todo un largometraje porque es recordar, pensar, ver lo que viene, hacer miles de conexiones en unos instantes, así que se hace pequeña la posibilidad de caer en la cárcel. En la tortura uno piensa que va a morir ahí, que como culminación te matarán, porque la amenaza constante es esa: te vamos a matar, te vamos a matar”.
 
La charla continua por caminos difíciles y se adentra en algunos relatos carcelarios; por ejemplo, en la distinción entre un preso político y uno del fuero común, algo que tiene ver con la característica de haber sido apresado por intentar consolidar alternativas a la vida impuesta, a diferencia de otros presos, los “presos comunes” les llaman algunos, aquellos que de manera injusta también se convirtieron en cifras relucientes para las instituciones del Estado y aquellos presos que, aun habiendo delinquido, no tienen la posibilidad de replantearse el camino de su vida sino que tienen a su alcance más armas y drogas que las que existen afuera.
 
“Planteo que la cárcel es una continuación de la tortura porque es una vivencia que también despersonaliza. Si en aquella tratan de que dejes de ser lo que eres en el lapso de unas horas, en la cárcel tratan de hacer lo mismo aunque se lleve años. Hay gente con la que sí lo pueden lograr, pero con un preso político les resulta más difícil porque se aferra mucho a que no importa lo que le hagan, porque ya lo que hizo es satisfactorio”, describe Silva. “Le queda a uno el gusto de poder haber hecho las cosas”.
 
El luchador social señala que algunos presos comunes obtienen resistencia a la cárcel por medio de pensar que algún día se van a vengar, mientras un preso político sabe bien lo que hizo y piensa en lo que construyó, en el daño que ya le hizo al Estado, “en lo poquito que pudo haber hecho para ayudar a otra gente a que se libere, para enseñarles qué es el cambio social y la posibilidad de otro mundo”. Silva enfatiza que ahí está la fuerza de los presos políticos para decir, puedo aguantar esto y más. La condición humana, describe, implica que se buscará un satisfactor en lo que hizo y lo que se hace, por lo que “resistir ya es vencer”.
 
Álvaro Sebastián, a través de cartas y de la palabra de sus propios familiares, ha expresado esta fortaleza a la que hace referencia Jacobo y que en otras latitudes el profesor Alberto Patishtán comparte en cada mensaje que expresa. Pero no son los únicos. Tal vez son los que han logrado alzar la voz más allá de un cierto ámbito, sin embargo, la situación que reflejan es la existencia de gran cantidad de personas detenidas y encarceladas que vencen al resistir cada día en su celda, en el comedor, en las pocas horas de patio, en la lucha por sobrevivir.
 
Gracias a las palabras de Jacobo Silva se puede mirar la fuente de la que abreva la fuerza a la que apelan los presos políticos -desde su condición- al resto de la población: luchen y sigan luchando, la libertad es parte de esta lucha y al resistir y mantenerse, vencen todos los días.
 
Las cosas convergen aún más cuando Jacobo Silva toca un punto esencial al mantener el tema de la prisión política: “Todo preso político y toda persona que pudiera serlo debe pensar en que desde ahora debe preocuparse por no perder sus recuerdos y sus ideas, por seguir siendo ese que era”.
 
Silva señala que conoce a mucha gente que en el camino de la lucha perdió sus recuerdos, su sensibilidad, el compromiso, los cariños que tenía. “Finalmente alcanzaron la libertad y siguieron siendo gente de lucha pero no aquel que empezó, no aquella persona indignada, sensible, receptiva al dolor del pueblo, sino que se hicieron una especie de élite que ya jamás llegó a pensar en esas vivencias, jamás volvió a pensar en lo que es vivir con sencillez, jamás volvió a pensar en lo que es vivir como la gente del pueblo. Eso no quisiera vivirlo”.
 
En la entrega pasada de este rompecabezas, que cada vez tiene más forma y claridad, en una entrevista a un integrante de la Voz de los Xiches en Prisión fue posible conocer uno de los puntos de amarre de la voluntad de Álvaro Sebastián: el hecho de que afuera, en su pueblo y en su región, lo espera gente que cree en él y confía en que una persona recta y luchadora regresará.
 
Al final, a pesar de los 17 años de injusta prisión, Álvaro Sebastián –cada día la familiaridad es mayor a pesar de la distancia- no ha perdido la memoria y no ha dejado de luchar, de construir, de mantener el vínculo vivo con su gente y con su pueblo. Uno de los ejemplos que confirman la cualidad de la memoria histórica es la conexión que la comunidad de El Bosque mantiene con el profesor Patishtán para exigir su libertad absoluta. Y es esta la puerta que nos permite entrar a un asunto de suma relevancia: el mecanismo que permitió a Jacobo Silva lograr su libertad y la de su compañera, Gloria Arenas, quien también estuvo recluida por el mismo delito de rebelión, luego de asumir su propia defensa, es decir, que tomaron las riendas de los casos.
 
Asumir la propia defensa
 
Varios abogados tomaron la defensa de Silva y Arenas hasta que agotaron casi todos sus recursos jurídicos. Fue hasta la última posibilidad jurídica que les quedaba cuando Jacobo, sin ser abogado, decidió tomar en sus manos sus propios casos -aunque nunca creyó en este recurso, porque pensaba que el derecho sólo sirve para beneficio de los ricos y la gente acomodada.
 
“Estaba en mi celda el documento de mi sentencia, pero todavía no me interesaba, y ahí vi que me acusaban de rebelión. Se me ocurrió preguntarle a otro preso sobre otros artículos que hablaran de rebelión, no me interesó ninguno, hasta que llegó al 137, no lo deje terminar y le dije, voy a salir” -recuerda con efervescencia, sentado al borde de la silla. Cuando él mismo asumió su defensa, se interesó por el derecho y al final logró su libertad. Desde entonces piensa que cada preso político debe asumir su propia defensa, pues no hay quien conozca mejor su caso que el mismo preso. Actualmente Jacobo es asesor jurídico de Álvaro Sebastián Ramírez, quien lleva 17 años en prisión.
 
Como asesor, Silva tiene conocimiento del caso con mucho detalle. Informa que Álvaro Sebastián estuvo 11 días desaparecido, que fue torturado y que le hicieron firmar sin un traductor; afirma que con sólo estas irregularidades debieron otorgarle su libertad. También afirma que, entre otras acusaciones, están las de haber ayudado con vehículos, armas y dinero que supuestamente se utilizaron en un enfrentamiento entre el EPR y los cuerpos policiacos y militares del Estado en 1996, las cuales son consideradas puntualmente como conductas de rebelión según el artículo 133 del Código Penal Federal, el cual dice textualmente: “Las penas señaladas en el artículo anterior se aplicarán al que residiendo en territorio ocupado por el Gobierno Federal, y sin mediar coacción física o moral, proporcione a los rebeldes, armas, municiones, dinero, víveres, medios de transporte o de comunicación”.
 
El asesor de Álvaro especifica que la acusación en este caso no fue por rebelión, por el contrario, se le sentenció por homicidio. Por lo tanto, en la resolución de su amparo se dictaminó que no se le puede aplicar el artículo 137 de rebelión. Sin embargo, indica, si se les preguntara a los magistrados por qué se le considera responsable de homicidio a Sebastián Ramírez, responderían: porque ayudó con armas, con transporte y dinero a personas que fueron a cometer un homicidio.
 
Jacobo declara con seguridad que “o el agente del ministerio público fue incompetente y no hizo adecuadamente la acusación, o lo hicieron de mala fe para que no se le aplicara el artículo 137”. No obstante, desde la primera línea de investigación, la cual ha evolucionado, se acusa a Álvaro Sebastián de haber participado o colaborado con el EPR en el ataque del día 29 de agosto de 1996. Según los medios de información y declaraciones del mismo Estado, este grupo es considerado como rebelde, por lo tanto, si el acusado participó o no en tales hechos, la acusación lo encuadra dentro del delito de “rebelión”, pues así están tipificadas estas conductas. En caso de demostrar lo contrario, se le tendrían que retirar las acusaciones de haber proporcionado vehículos, dinero y armas a tal grupo.
 
Este caso es una demostración más de lo que ocurre en México, no sólo con Álvaro Sebastián, sino con otros presos políticos, como es el caso de Alberto Pathistán. “La ley no importa, se usa al servicio del Estado, pues es él quien acusa y él quien juzga, existe una consigna”, afirma el asesor de Álvaro.
 
Jacobo Silva dice que “ya se usaron para Álvaro todos los recursos legales nacionales en México y lo único que queda es hacer uso del reconocimiento de inocencia o una amnistía”. Ya se hizo una petición ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para que atraiga el caso y lo lleve a juicio. Finalmente, asegura Silva, “tendrá que ser puesto en libertad en algún momento y será absuelto de todos los delitos que se le acusaron. Se demostrará que todo su proceso ha sido injusto, porque ni uno sólo de los delitos de los que se le acusó pudo sustentarse y lo hemos demostrado”.
 
Ya que Álvaro Sebastián tiene que salir completamente inocente, quizá por eso no quieren que salga, porque sería un caso de injustica extrema, de una persona que ha pasado más de 17 años en prisión sin haber cometido ningún delito: “Álvaro fue acusado de una gran cantidad de delitos y sé ha demostrado que ninguno tenía una base que lo sustentara. Lo último que se le quitó fue el de terrorismo y conspiración, así que está preso solo por homicidio y tentativa de homicidio”, informa Silva.
 
Jacobo Silva Nogales piensa que cuando hay consigna del Estado, éste pasará por encima del derecho. Hace énfasis en que es útil el acompañamiento político, junto con la vía jurídica, pero que ahora hay una urgencia, porque todo acompañamiento político para un preso de esta índole sirve para otros presos políticos y coloca en una situación de vulnerabilidad al Estado para que reconozca las ilegalidades.
 
Álvaro Sebastián Ramírez y Jacobo Silva Nogales -cuando aún estaba preso en el 2006-, se adhirieron a la iniciativa civil del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) conocida como La Otra Campaña, (actualmente La Sexta). Hicieron eco en el movimiento social nacional e internacional para ponerle nombre y rostro a los presos políticos, y desde entonces, luchan por la liberación de los presos políticos y de conciencia.
 
Jacobo señala que ahora que Álvaro Sebastián fue enviado a una prisión de máxima seguridad -CEFERESO 6 de Tabasco-, estará más vivo mientras sepa que hay gente luchando afuera y que cuando salga encontrará un mundo de solidaridad. Silva agradece a la Otra Campaña por haber apoyado su liberación y la de su esposa: “Agradezco a la Otra Campaña por mí, por mi esposa y por Álvaro, porque están ayudando a que sea más visible la injusticia, y porque la lucha fuera de la cárcel es una lucha contra el anonimato”.
 
Con esta séptima pieza concluimos con la serie de reportajes que intentaron mostrar con mayor claridad el rompecabezas loxicha. Se concluye así el recorrido que dio inicio mostrando quiénes son los presos loxicha y quién es Álvaro Sebastián, y que llega hasta esta última parte en la que un luchador social que padeció la prisión política mantiene la conexión a partir de ser un asesor jurídico.
 
Es significativo que poco a poco fracasen los intentos de división que proliferan. Hay un cambio sustancial en la fortaleza concentrada en la comunicación y vinculación entre los presos políticos y los que lo fueron. El olvido deja de ganar y la memoria se fortalece cada vez más hasta potencializar las luchas.
 
Con esta última pieza cerramos este modesto intento por informar y comunicar, al mismo tiempo abrimos cada vez más nuestros esfuerzos para lograr la libertad absoluta de todas y todos los presos políticos del país. Álvaro Sebastián y Alberto Patishtán estarán libres, de eso no hay duda alguna.
 
Publicado el 12 de agosto de 2013