“Mi espíritu y mi convicción de lucha son libres como el viento”: Fernando Jiménez, preso yaqui

A pesar de que reconoce a su encarcelamiento como una estrategia para desmovilizar a su tribu, el defensor del territorio confía en alcanzar su libertad gracias a la movilización social.
11.Oct.2014 | Fuente: Desinformemonos

México, 10 de octubre de 2014. “Nuestras detenciones reflejan la frustración del soberbio gobierno del estado de Sonora”, afirma Fernando Jiménez Gutiérrez, miembro de la tropa yaqui preso en el contexto de la defensa del río que abastece –y pertenece- a la tribu. En entrevista escrita con Desinformémonos, el asesor técnico agradece las muestras de solidaridad que, afirma, los acercan a una pronta liberación. La campaña de protesta por la detención también de Mario Luna Romero, el vocero de las autoridades tradicionales, comienza hoy.

Jiménez Gutiérrez afirma que los delitos de los que se le acusa –privación ilegal de la libertad y robo de auto cometido por dos o más personas, “jamás los cometí. Fueron inventados por la Procuraduría General de Justicia del Estado de Sonora, represantada por el señor Carlos Navarro Sugich”. El yaqui sostiene que este funcionario es el autor intelectual también del apresamiento del vocero de la tribu, Mario Luna Romero. Para el encarcelamiento de Luna y Jiménez, así como las órdenes de aprehensión contra Tomás Rojo y Gerónimo Flores, “esta persona utilizó parte de nuestras leyes internas y las presentó como delitos”, en perjuicio de Francisco Delgado Romo, integrante de la tribu y “operador político del gobierno estatal. Fue juzgado en público por el pueblo y castigado bajo nuestra ley”.

Mario Luna Romero fue detenido el 11 de septiembre de 2014; Jiménez Gutiérrez, el día 23. Ambos fueron trasladados a Hermosillo, pero a penales diferentes. El auto de formal prisión se dictó a pesar de que los abogados sostienen que el juez lo hizo de forma ilegal.

Jiménez sostiene que el encarcelamiento de Mario Luna –de quien es acompañante- y suyo es una forma en que el gobierno pretende “frenar las manifestaciones de rechazo a las políticas de despojo que lleva a cabo el gobierno de Sonora”. Los yaquis resisten desde 2010 a la imposición del Acueducto Independencia, que se llevará las aguas de su río hacia Hermosillo, la ciudad capital, en la que se instalaron industrias altamente consumidoras del líquido. La tribu, además de la defensa legal –en la que ha ganado cada recurso interpuesto-, ha realizado cierres carreteros para presionar por al gobierno estatal para que cumpla las sentencias. En esas manifestaciones, así como en las entrevistas con funcionarios, el rostro de Fernando Jiménez era habitual.

Fernando Jiménez se encuentra bien de salud. Comparte la celda 23 del Centro de Readaptación Social (Cereso) 1 de Hermosillo con cinco reclusos, que han tenido gestos de solidaridad con él como facilitarle cobijas y darle  ánimos. En la cárcel vive sentimientos encontrados, relata: “Por una parte, la rabia y el coraje por mi aprehensión, la tristeza y la nostalgia por encontrarme lejos de mi pueblo y de mi gente, mis padres, hijos, hermanos y amigos, pero también el orgullo por todos ellos que no me han abandonado”. Su amiga, la antropóloga Raquel Padilla, le hizo saber de la resonancia de su caso y, afirma, agradece cada “Me gusta” que le dan en redes sociales a la información sobre la tribu.

El territorio, punto eterno de retorno

La historia familiar de Fernando Jiménez está totalmente atravesada por las batallas que han vivido los yaquis. Sus abuelos paternos vivieron los “horrores” de la deportación en la última rebelión armada yaqui, en 1927 (bajo el gobierno de Plutarco Elías Calles); fueron enviados a San Juan de Ulúa y Perote, en Veracruz. Su abuelo paterno, Fernando Jiménez Flores, evadió la deportación y se unió a Juan María Sibalaume “El indomable”, general de las fuerzas yaquis sublevadas en la sierra.

Con la paz establecida en el sexenio de Lázaro Cárdenas (1934-1940), los yaquis comenzaron el retorno a su territorio; una comisión fue por las mujeres deportadas, y el abuelo se unió. A punto de ser fusilado por los cristeros en Guanajuato, logró llegar al sureste. Ahí conoció a su esposa, Andrea Valenzuela, originaria de Cócorit. En el camino de regreso a Sonora, nació en Tlaxcala el padre de Fernando Jiménez, en 1936. La familia logró completar su retorno ocho años después, en 1944.

Sus abuelos maternos ejemplifican el otro exilio. Estuvieron prisioneros en Hermosillo, y su abuelo Valentín Gutiérrez se refugió después en Tucson, Arizona. Con la paz, regresó a Potam, donde conoció a su esposa y estableció su familia. Ahora, Fernando Jiménez está preso en el contexto de la defensa del río; la propiedad yaqui sobre estas aguas fue reconocida y establecida legalmente por Lázaro Cárdenas. “A lo largo de la historia, mi pueblo ha vivido en resistencia y amor a su territorio, y lo consideramos sagrado”, resume el preso.

La resistencia, fortalecida

El integrante de la tropa yaqui (aclara que no es líder ni forma parte del gobierno tradicional, aunque sí del cuerpo técnico de asesores y es comisionado para representar a la tribu ante instituciones y funcionarios) declara que la resistencia al despojo del río Yaqui se intensificó con las aprehensiones. En vez de descabezar al movimiento, “esto ayudará a acelerar la cancelación y desmantelamiento del Acueducto”, valora.

“Estoy agradecido  con todas las organizaciones, pueblos y comuneros del país que siguen nuestra lucha, y a los movimientos que de alguna forma simpatizan con ella”, agrega. La entrevista viene firmada: Chea Batnatekay, ian ta’apointu yoko bichau bichau. Namakasia!! (Antes, ahora y para siempre, ¡firmes!)